ESPACIO LAGARES
LOGROÑO,
LA CIUDAD QUE
CONFUNDIÓ
enamoró
A UN GENIO
DUQUESA DE LA
VICTORIA Y
MIGUEL ÁNGEL
C. Ruavieja, 20, 26001 Logroño
Abrir ruta a pieun poco de historia
El Espacio Lagares es de esos lugares
que te recuerdan que Logroño no solo bebía vino: lo fabricaba en casa, en la ciudad, con técnica y barrio. Está en Rúa Vieja (18–20) y conserva restos de prensas y depósitos: un testimonio de la cultura del vino incrustada en lo urbano, como si el subsuelo fuese una despensa colectiva.
Lo bonito aquí es que la arqueología no se siente “museo”; se siente “vida”: los lagares hablan de vecinos, de cosechas, de acuerdos, de trabajo. Y, sobre todo, de ingeniería doméstica: cómo prensar, cómo decantar, cómo almacenar. Piensa que antes del acero inoxidable y los laboratorios, esto era la tecnología punta del vecindario.
Arquitectura para fijarse: la lógica de los espacios de producción. No hay adorno gratuito; hay piedra donde hace falta, huecos donde se necesita mover líquidos, y esa idea de “circuito” que hoy llamaríamos proceso. Es historia industrial… en miniatura.
Además, forma parte de un conjunto muy bien pensado para entender el casco antiguo: lagares, calados y Camino se entrelazan, porque el peregrino trae paso y la ciudad ofrece vino, descanso y comercio.
Plan con gracia para todas las edades: juega a imaginar el sonido. Aquí no oyes nada… pero antes habría chapoteo, madera, voces, risas y algún “¡cuidado, que se derrama!”. Logroño, al final, también se explica así: con historia que fermenta.