MURALLA DEL REVELLÍN
LOGROÑO,
LA CIUDAD QUE
CONFUNDIÓ
enamoró
A UN GENIO
MIGUEL ÁNGEL
Y LA PEREGRINA
C. Once de Junio, 6, 26001 Logroño
Abrir ruta a pieun poco de historia
Si Logroño tuviera cicatrices visibles,
una sería el Revellín. Aquí quedan restos de la fortificación que defendió la ciudad, reforzada sobre todo entre 1498 y 1540, y espoleada por un momento clave: el asedio de 1521, cuando las tropas francesas y contingentes navarros cercaron Logroño durante varios días. De aquella tensión nacieron mejoras defensivas, foso, refuerzos… y el famoso relato ciudadano que aún se recuerda en San Bernabé.
La arquitectura militar tiene su propio lenguaje: grueso, sobrio, pensado para aguantar. Nada de “qué bonito”, todo de “qué resistente”. Y eso, curiosamente, la hace atractiva: porque es una belleza sin maquillaje. El Cubo y la Puerta funcionan como recordatorio de que Logroño fue plaza fronteriza, lugar estratégico entre reinos y caminos.
Dato para mirar con ojos de detective: busca los cambios de materiales y trazas. Las murallas se reforman, se reparan, se tapan, se abren… como la ciudad misma. Y hoy, cuando pasas por aquí, cuesta imaginar el ruido de un asedio; pero basta con tocar la piedra (suavemente, sin hacer de escultor) para entender que no es decorado.
Bonus actual: el Revellín sigue siendo escenario de tradición viva (reparto de pan, pez y vino en San Bernabé). Es decir: aquí la historia no se estudia; aquí se celebra.