MIRADOR SOBRE EL EBRO
LOGROÑO,
LA CIUDAD QUE
CONFUNDIÓ
enamoró
A UN GENIO
MIGUEL ÁNGEL
Y LA PEREGRINA
Mirador sobre el Ebro, Logroño
Abrir ruta a pieun poco de historia
Si quieres entender Logroño de un vistazo,
este es el “botón de zoom”. A un lado, el Ebro con su calma de río veterano; al otro, la ciudad que se asoma como quien saluda desde el balcón. Desde aquí el casco antiguo se reconoce por su perfil de torres, casi como si fueran los dedos de una mano señalando el cielo: las gemelas de la Concatedral de Santa María de la Redonda (San Pedro y San Pablo) y, más allá, las de Santiago el Real y San Bartolomé. Esa silueta es tan logroñesa que, cuando la ves, ya sabes dónde estás aunque no mires el mapa.
Y luego está el gran protagonista de la postal: el Puente de Piedra. El que vemos hoy es del siglo XIX (se proyectó tras el derrumbe del anterior) y presume de siete arcos y casi 200 metros de longitud; se llama también Puente de San Juan de Ortega, por una antigua capilla vinculada a ese nombre. No es solo un puente: es la entrada clásica del Camino a la ciudad y un mirador “en movimiento” cuando lo cruzas.
Pincelada de arquitectura para mirar con calma: fíjate en los tajamares (esas “narices” de piedra en los pilares) que ayudan a partir la fuerza del agua. Y cuando el sol cae, prueba a contar campanarios: aquí no se viene solo a ver el río… se viene a ver cómo Logroño se peina para la foto.